Me encontraba ya de regreso a mi departamento, luego de haber tenido la mañana más dolorosa y terrible de mi vida. Jamás podre olvidar su cuerpo frágil como una copa de cristal sobre aquel sofá rojo. Sentía que el mundo se estaba terminando con cada paso que daba hacia lo que un día fue un nicho de amor.
Cuando estaba subiendo por el elevador sentí un olor a orquídeas en primavera, que me hizo recodar aquella tarde de mayo cuando nos vimos por primera vez, en la inauguración de un vivero de unos amigos que teníamos en común. Al verla con su vestido rosa que la hacían ver como la mejor de las flores, con ese caminar que me hacia imaginar el nacimiento de un ave fénix y con un rostro de muñeca de porcelana. Me atreví a presentarme y pedirle su teléfono. Ella sonrió y me dijo: hola, me llamo Fabiola y mi número de teléfono es 056-8540-955. Esa noche al salir de la inauguración le dije para cenar juntos, acepto encantada, fuimos a comer codornices en pétalos de orquídeas (el plato olía riquísimo).
Seguimos saliendo durante varias semanas, hasta que ella se atrevió a decirme para ser novios. Yo un poco penoso le dije que claro que sí, pero un poco nervioso porque en mi familia siempre me decían que el hombre es el que propone, esa noche fue la mejor de todas; tomamos un capa de champaña, en la cima del Empire State y luego nos fuimos a su departamento donde ella me tenia una sorpresa, me hizo esperar sentado, en su sofá blanco de cuero, como una media hora cuando salió de su recámara con aquellas alas de angelito, un corsé rojo con negro, ropa interior de encaje y caminaba por la sala como una leona. Todo fue fantástico sentí su olor que me hacia tener cuidado con ella porque era como una flor frágil pero que si le hacías daño te atacarían sus espinas.
Luego de pasar un año lleno de retos y aventura, nos casamos en una ceremonia muy sencilla pero significativa. El lugar era bellísimo estaba lleno de los mejores deseos, las mesas estaban cubierta por la mejor mantelería de seda blanca y los adornos florales eran cajas de orquídeas rosadas. Cuando llegar de la luna de miel y mudarnos a un nuevo departamento, comencé a notar que ella estaba actuando algo raro, la verdad no le di mucha importancia.
Un día cuando llegue del trabajo la vi como desmayada en el mueble me acerque rápidamente, para ver qué le pasaba, y al tocarla me di cuenta que no tenia signos vitales. Deseperado llame a una ambulancia, pero ya era demasiado tarde Fabiola estaba muerta. La autopsia revelo que había sufrido una sobredosis
A la mañana siguiente fue cremada como ella así lo dispuso en su testamento, yo me sentía devastado con cada paso que daba hacia lo que un día fue nuestro nicho de amor. Jamás entenderé porque me dejo.

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