lunes, 13 de diciembre de 2010

Cuándo será la última noche
Luego de pasar una noche apasionada llena de: besos y caricias. Carlos y Valentina se despertaron sin tener la más remota idea  que esa sería la última noche que pasarían  juntos.
Cuando Carlos se disponía a tomar su taza de café recibió una llamada-que él esperaba con muchas ansias- era su jefe, Guillermo, que lo llamaba para darle la noticia que lo habían transferido a Costa Rica como gerente general de la empresa, pero con la condición que tenía que viajar a ocupar el puesto esa misma tarde. Él emocionado dijo que si, su esposa que se encontraba a su lado sabia que el anhelaba ese puesto, por ese motivo lo ayudo a empacar rápidamente sus maletas y acompañarlo al aeropuerto.
En el aeropuerto ella le dice que:
–– ¿Nos vernos pronto mi amor?          
Él le responde:
––Sí, en cuanto tenga todo arreglado.
Ella, con todo el amor que siente hacia él y minutos antes de subirse al avión le dice en el oído:
––Te extrañare, tú sabes el lugar que tienes en mi corazón.
Al ocultarse el sol Valentina recibe un PIN de Carlos: “XIXI ya estoy en el hotel, tuve un buen vuelo y ya conocí a los empleados. Te llamo mañana posdata: te extraño.”  Al día siguiente Carlos llama a Valentina para decirle que dentro de una semana viajaría a Venezuela para verla, ella le propuso encontrarse en su pueblo natal La Puerta, Estado Trujillo en donde tenían una casa que poseía sembradíos de fresas, melocotones y otras delicias.
Paso esa semana que para ellos se les hizo eterno, Carlos esperaba pacientemente a Valentina que venía en carretera desde Caracas. Valentina cuando estaba a pocos kilómetros de la casa sintió un vacio en el corazón, que no había sentido desde la muerte de su padre, era como si le quemaran una parte de su corazón.
Mientras ella abría la puerta de la casa, como cual niño que abre su regalo en la noche de navidad, vio a su amor tirado en el piso con un ramo de flores en la mano en ese instante comenzó a desesperarse y a recordar el día que a su padre le dio un infarto que acabo con su gran amigo y confidente, ella tan solo era una niña, en ese instante se dio cuenta que el amor solo dura un ratico y que hay que disfrutar cada segundo al máximo.     
   


       

 
      
Naturalmente
Era sábado por la noche cuando vi a mi vecino, Jorge, que llegaba a su casa con una mujer: alta, con una cabellera que simulaba una lluvia de oro, de piernas largas y con un rostro de porcelana. La verdad me sorprendí mucho porque Jorge con esa chica, ya que él es un hombre casado y su matrimonio aparentemente se veía muy estable. Cuando estábamos esperando el ascensor Jorge me dijo riéndose: “hola. ¿Como estas? no comentes nada. No es lo que parece.”  
A los pocos días vi a Alexandra, la esposa de Jorge, llegar con esa chica del otro día al edificio− como si fueran las mejores amigas−. Al bajarme del carro observe un objeto brillante en el piso, me acerque a ver qué era.
Era un CD no le di mayor importancia, lo agarre y pensé debe ser  de música. Cuando llegue a mi departamento quise curiosear que tenía el CD, jamás pensé ver lo que ahí se hallaba.     
Era la vecina llegando con un traje de ejecutiva y con un látigo en la mano diciéndole a su esposo:
–– ¿Dónde está la estoy sintiendo?− dijo esto con una voz lujuriosa, sosteniendo una braga (que recogió del piso) y llevándose el dedo meñique a la boca.
–– ¡De qué hablas!− lo dijo Jorge con mirada picara.               
Mientras ellos estaban jugueteando se veía en el armario unos senos.
Alexandra comenzó a acercase a él para quitarle la ropa y este le dijo entre diente: apúrate lentamente. Mientras ella lo besaba y lamia apasionadamente, desde su cuello hasta su falo, salió del closet esa chica que había visto todos estos días diciendo con voz dulce:
–– ¿Puedo?− ella estaba vestida como un angelito.
 ––Claro Candy− respondió Jorge con una sonrisa de felicidad máxima.
En eso momento ella se une al espectáculo de pasión. En ese mismo instante sonó el timbre de mi departamento. Era Alexandra y Jorge que me preguntaron:”si había visto un CD” y les respondí:      
––Sí, ya te lo doy−fui a buscarlo en mi alcoba mientras ellos esperaban en la sala.
–– ¿Lo vistes?− me pregunto Alexandra
––Sí, pero no se preocupen no diré nada− respondí un poco apenado.
––No te preocupes, ese es nuestro trabajo. Somos actores porno.
La verdad me sorprendí mucho, pero lo que más me sorprendió fue que un día recibí una carta de Alexandra diciéndome que subiera a su departamento ya que se sentía sola. Subí a su apartamento,  ella me recibió vestida en traje de Eva, solo tenía puesto un par de zapatos rojos y en la mano derecha tenía una botella de champaña. Yo comencé a besarla y empezamos a hacer el amor. Cuando terminamos comienza a sonar el teléfono, era Jorge que le dijo: que ya estaba saliendo. En ese instante ella me saco de su apartamento.
A las pocas horas vi saliendo a Jorge con unas maletas en la mano. Subí a ver qué pasaba, vi a Alexandra llorando en el piso
 –– ¿Qué paso?−le pregunte
––Jorge vio tu calzoncillos en el piso. No entiendo el si puede estar con quien quiera y yo qué−la abrase porque no soportaba ese silencio ensordecedor.